Crisis de refugiados

Refugiados: ¿Talón de Aquiles o amuleto de Merkel en su reelección?

por María G. Zornoza

Fuente: Wikimedia

“Wir schaffen das (Lo conseguiremos)”. La enigmática frase con la que Angela Merkel comenzó su discurso en aras del “Welcome Refugees” le costó críticas de dentro y fuera de su partido. Desde 2015, la canciller alemana ha buscado el equilibrio en la gestión de una crisis migratoria que le podría poner piedras en el camino hacia su cuarta reelección. ¿Cómo le ha afectado?; ¿Qué ha cambiado?; ¿Ha repercutido en el auge de AfD?

Hace dos años, más de 800.000 refugiados se agolpaban a las puertas de Alemania poniendo a prueba a Berlín y a la totalidad de la Unión Europea. Con la presión migratoria mucho más desinflada, la canciller ha hecho balance. A lo largo de la campaña electoral con la que pretende revalidar su cuarto mandato el próximo 24 de septiembre, ha reconocido que la apertura de puertas a los refugiados que llegaban en masa procedentes sobre todo de Afganistán, Irak y Siria, fue una de las decisiones más duras de su carrera política. “Volvería a actuar de la misma forma”, asegura en diferentes medios alemanes.

No obstante, la política migratoria de Merkel, la gran impulsora del pacto UE-Turquía, ha cambiado desde el pico de 2015 -donde miles de personas llegaban a Alemania a través de la ruta de los Balcanes- hasta la fecha. De la política de manos abiertas, la líder democristiana ha pasado a conceder menos asilo y aumentar las deportaciones de aquellos que no cumplen “los requisitos”. “La posición que proclamaba Merkel con los refugiados y su puesta en práctica en la política divergen actualmente”, señala a este respecto Stephan Dunnwald, miembro del Consejo Bávaro de Refugiados, que espera que tras las elecciones y con la presión reducida, la canciller sea “más pragmática”.

En una entrevista a este periódico el eurodiputado popular alemán David McAllister explica la estrategia de los democristianos: “La situación de 2015 fue excepcional y no se va a repetir”. Insiste, así, en la necesidad de agilizar el retorno de los “que no pueden quedarse”. En el programa electoral con el que la Unión Demócrata Cristiana (CDU) gobernará con casi toda posibilidad los próximos cuatro años aparece la consigna de que otra crisis migratoria “no puede volver a ocurrir”. Plantea además, incrementar en 15.000 los cuerpos de seguridad y afincarse así como el partido del orden y la estabilidad.

Según cifras oficiales, se calcula que a lo largo de los últimos dos años han llegado a Alemania alrededor de 1,3 millones de solicitantes de asilo, número que se ha ido reduciendo exponencialmente desde 2015 hasta la fecha al mismo tiempo que se han endurecido los requisitos para el asilo. Desde 2015, el Parlamento federal alemán ha aprobado con votos de socialdemócratas y conservadores el endurecimiento de la Ley de Asilo que flexibiliza el control sobre los solicitantes de asilo, restringe su margen de movimiento dentro del propio país y hace casi imposible la reunificación familiar. El desafío que afronta ahora Alemania con los refugiados también ha mutado, pues no es el caos de colas y colapso de 2015: el paso es ahora insertar en el contexto social y mercado laboral a los recién llegados.

La ultraderecha toma impulso

El de los refugiados ha sido y es un tema clave en la campaña electoral. Así se erigió como una de las piedras angulares del debate que mantuvieron a comienzos de mes Angela Merkel, líder de la CDU, y Martin Schulz, cabeza de los socialdemócratas. El ex presidente del Parlamento Europeo le recriminó su actitud de abrir las puertas y no empujar a los otros países del bloque a hacer lo mismo. “A veces, en la vida hay que tomar decisiones difíciles”, se limitó a decir una sosegada Merkel, que también fue acusada del auge de la formación ultraderechista Alternativa para Alemania (AfD).

El partido xenófobo del AfD ha visto en este el momento idóneo para sacar rédito político. Algo que ya hicieron otros populistas como la francesa Marine-Le Pen o el holandés Geert Wilders. Según las encuestas germanas la formación xenófoba, que bebe del movimiento Pegida, se colará por primera vez en el Bundestag y, de conformarse la gran coalición, aspiraría a tomar el mando de la oposición.

Tras el atentado con camión en un mercadillo navideño de Berlín, el eurodiputado ultraderechista Marcus Pretzell acusó a la canciller alemana de hipócrita. Acompañó para ello una foto de la tragedia bajo el titular: “Los muertos de Merkel”. McAllister reconoce que el tema “sensible” que es la migración ha impulsado el auge de AfD. Dunnwald explica, sin embargo, que incluso si AfD se confirma como tercera fuerza, no tendrá peso para cambiar la política migratoria debido al gran rechazo que despierta entre los otros grupos de la oposición.

En este escenario, la estrategia de Merkel ha virado para englobar a esos votantes desencantados que consideran se ha acercado mucho al centro con su política migratoria –buena cuenta de ello es la aceleración de las expulsiones-, una vez que ya se había granjeado el apoyo de sectores más izquierdistas. 

“La posición liberal de Angela Merkel y su defensa del Welcome Reguess ha seducido a muchos simpatizantes de izquierdas”, afirma Dunnwald, que detalla que esta postura ha hecho su relación con el CSU (sus hermanos bávaros y más conservadores) algo difícil. A pesar de las críticas desde el ala más conservadora de la CDU, la política de puertas abiertas ha permitido a la canciller seducir a una parte de la socialdemocracia, cuyo electorado tanto en Alemania como en otros países europeos –como ya escenificó en Francia- enfrenta una de sus grandes crisis. Gracias en parte a las políticas de integración que ha promovido en el país: según estadísticas oficiales, más de medio millón de refugiados han asistido a cursos de integración en los últimos dos años en Alemania. 

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