Jesús González MateosCartas del director Jesús González Mateos

Brexit: el pirata Boris al abordaje de Europa

Brexit: el pirata Boris al abordaje de Europa

La vuelta de las vacaciones no ha alterado la agenda europea, cuya prioridad sigue siendo la lucha contra la pandemia de la COVID-19 y la reconstrucción económica de la crisis por ella provocada, pero si ha traído a primer plano de nuevo las negociaciones del Brexit. Quedan escasamente cuatro meses para que expire el plazo y la situación de práctico bloqueo de las mismas. La Unión Europea se apalanca en las líneas rojas alcanzadas antes del pasado 1 de enero cuando se pactó la salida del Reino Unido, mientras que Londres se ha descolgado con un órdago total que incluye saltarse a la torera las leyes internacionales. Nadie les obligó a ser miembros del club europeo, ni nadie pone en duda su legítimo derecho a abandonarlo. Cosa distinta es pretender irse de un portazo, sin pagar las copas consumidas, en plena borrachera. Boris Johnson ha traspasado de largo la frontera de lo admisible políticamente y está poniendo en riesgo la futura relación de las islas con el continente.

Fondo Europeo de Reconstrucción o el riesgo de toma el dinero y corre

Fondo Europeo de Reconstrucción o el riesgo de toma el dinero y corre

La situación que vivimos me recuerda mucho a la opera prima de Woody Allen, “Take the money and run”, también conocida como “Robó, huyó y lo pescaron”, en Argentina o “Toma el dinero y corre”, en España. La película se presenta como un documental de la vida del incompetente, torpe y neurótico criminal Virgil Starkwell. Y es que estamos en riesgo de parecernos mucho a él. Acabamos el curso político con un paso histórico en el proyecto de construcción europea: la aprobación por parte del Consejo Europeo del Fondo de Reconstrucción y la mutualización de su deuda por valor de 750.000 millones de euros. Nada más y nada menos que 140.000 millones le van a corresponder a España en forma de subvenciones y préstamos. Con esa promesa de maná caído desde el cielo de Bruselas nos fuimos de vacaciones sin querer leer la letra pequeña del acuerdo, es decir, las condiciones con las que ese dinero llegará al Estado español. Condiciones primero de a qué se puede dedicar ese dinero: exclusivamente para las políticas estratégicas europeas – pacto verde, digitalización, salud, I+D+i, seguridad –. En segundo lugar, condicionadas a ser capaces de tener unos prepuestos generales equilibrados y, en tercero, con unos plazos para la presentación de los proyectos financiables enormemente apretados, entre octubre y abril. Que nadie se engañe porque esto no va de toma el dinero y corre.

Los deberes europeos de septiembre

Los deberes europeos de septiembre

La Unión Europea ha terminado el curso con sobresaliente, sobre todo, teniendo en cuenta cómo se está poniendo el fatídico 2020 y su pandemia, el COVID-19. Respuesta en tiempo y forma para salir de la crisis tras el trabajado acuerdo del Consejo Europeo para el Fondo de Reconstrucción y el Marco Financiero Plurianual 2021-2027. Las vacaciones atípicas que se inician son tan solo un mínimo respiro, repleto de no normalidad, para retomar las tareas en septiembre con una agenda plagada de retos. Por encima de todos sigue acechando la zozobra de un Brexit sin acuerdo. Si no lo remediamos en el último cuatrimestre del año, vamos directos al caos en la relación entre el continente y las islas británicas. En segundo lugar, queda por concretar el presupuesto europeo que debe ser aprobado por la Eurocámara. Además, la Comisión empezará a evaluar semestralmente los planes de reformas de los Estados miembro para acceder al Fondo de Reconstrucción. Y todo esto, con elecciones en Estados Unidos en noviembre y los rebrotes de la epidemia como amenaza constante.

Griten conmigo sin complejos, ¡viva la Unión Europea!

Griten conmigo sin complejos, ¡viva la Unión Europea!

Uno no es muy dado a las expresiones efusivas, probablemente por mi genética galaica formalmente comedida, pero hay momentos históricos en que se debe echar el resto en dosis de pasión y de emoción. El maratoniano Consejo Europeo del pasado viernes, sábado, domingo y lunes, con sus cuatro días y sus cuatro noches, supone un antes y un después en la mayúscula Historia del proyecto europeo común. Los 27 jefes de Gobierno alcanzaron un acuerdo, tras horas de durísima y tensa negociación, que supone una respuesta unida a la mayor crisis que vive nuestro continente desde que fuera asolado el siglo pasado por dos Guerras Mundiales. Nada menos que 1,8 billones de euros movilizará la UE, de los cuales 750.000 millones se mutualizan como deuda a largo plazo durante 30 años. Es decir, todos los europeos sin distinción de pertenencia a un Estado, somos deudores solidarios para construir un futuro entre todos. Mensaje interno, pero también externo, en forma de ejemplo para un mundo que ha mostrado su peor rostro egocéntrico a la hora de hacer frente a la COVID-19.

Dos visiones de la UE: la Liga Hanseática contra los Amigos de la Cohesión

Dos visiones de la UE: la Liga Hanseática contra los Amigos de la Cohesión

El episodio vivido la pasada semana para la elección de presidente del Eurogrupo con revolcón final para la candidata española Nadia Calviño, no es más que un capítulo más del enfrentamiento de dos visiones del proyecto de Unión Europea entre dos bloques de Estados miembro. De un lado los llamados “frugales”, autodenominados “Nueva Liga Hanseática” y enfrente los constituidos como “Amigos de la Cohesión”. Seiscientos años después, los partidarios del comercio y la austeridad, se oponen a los intereses de aquellos que, como España, defienden la solidaridad interterritorial en Europa y la mutualización de la deuda como fórmulas de salida de la crisis del COVID-19. En medio de los dos bandos, el eje franco-alemán, con su carga de historia fundadora del proyecto común europeo y con la fortaleza de la suma de una cuarta parte de la población y del PIB de la UE. De su capacidad de mediación, negociación y de alcanzar el consenso depende en estos momentos críticos que vivimos, el futuro de Europa

La batalla por el Eurogrupo o la rebelión de los pequeños

La batalla por el Eurogrupo o la rebelión de los pequeños

Desde diciembre de 2017 y hasta el 2023, es decir, al menos durante seis años, el euro se dirige con aires rumorosos del Atlántico. Primero, Mario Centeno, el ministro de Finanzas del Gobierno portugués y ahora, el ministro irlandés de Finanzas Paschal Donohoe. La batalla producida en el seno del Eurogrupo ha demostrado que las potencias europeas no siempre son capaces de acallar las voces de los pequeños Estados y que su iniciativa de unidad al aliarse el candidato luxemburgués al irlandés, ha desbancado a la española Nadia Calviño, que contaba nada menos que con el apoyo de París, Berlín y Roma. Un duro golpe para el presidente Sánchez y para los intereses particulares de España, que ya lo intentó sin éxito con Luis de Guindos. Pero lo relevante es analizar los retos a los que se enfrenta una moneda que desde su nacimiento ha batallado por su supervivencia en la que el mundo financiero nunca creyó.

El semestre alemán o la hora decisiva de Europa

El semestre alemán o la hora decisiva de Europa

El pasado 1 de julio Alemania cogió el testigo de Croacia al frente de la presidencia de turno de la UE. Los próximos seis meses le corresponde al país germano dirigir la agenda política de las instituciones europeas en el momento más crítico de nuestra historia desde la II Guerra Mundial. La pandemia producida por el COVID-19 nos ha situado ante la mayor crisis sanitaria, económica y social del proyecto europeo común. Bajo el lema “Juntos por la recuperación de Europa” y al timón con su líder indiscutible, la ya veterana Canciller Angela Merkel, asume el plus de responsabilidad de encontrar soluciones en un panorama repleto de incertidumbres. La clave del éxito dependerá de que se marquen prioridades claras y lograr la unidad necesaria en la toma de decisiones. El objetivo número uno: sacar adelante el Fondo de Reconstrucción europeo y los presupuestos de los 27, el Marco Financiero Plurianual 2021-2027.

Respuesta de la UE al Covid-19: entre el desconocimiento y el descontento

Respuesta de la UE al Covid-19: entre el desconocimiento y el descontento

Los europeos mayoritariamente desconocen de las medidas adoptadas por la Unión Europea para combatir la epidemia del COVID-19 de manera coordinada y están descontentos por la falta de solidaridad con los Estados miembros más afectados por la enfermedad. Estas son las dos principales conclusiones del eurobarómetro presentado por el Parlamento Europeo sobre la opinión de los europeos “en tiempos del COVID-19”. Y la incertidumbre es el estado emocional más comúnmente compartido por los ciudadanos europeos durante el pandemia.

Hacia una Europa más envejecida y más empequeñecida

Hacia una Europa más envejecida y más empequeñecida

En estos momentos de extraordinaria dificultad e incertidumbre, la Unión Europea, sus Estados miembros y sus regiones tienen un reto compartido de enorme trascendencia para garantizar su sostenibilidad: responder al impacto del descenso demográfico en beneficio de todos los europeos. El camino a seguir depende de una serie de preguntas que debemos hacernos y ser capaces de contestar, incluyendo cómo estimular la innovación y la productividad; cómo atraer a más personas al empleo; cómo modernizar los sistemas de salud, la protección social y los servicios sociales y cómo abordar las diferencias territoriales. Ante este tremendo desafío la Comisión Europea ha presentado un primer informe demográfico que concluirá en un “Documento Verde” sobre el envejecimiento, una visión a largo plazo de las zonas rurales, la soledad, el aislamiento social, la salud mental, la resiliencia económica y, a largo plazo, la sostenibilidad del sistema público de asistencia sanitaria. Y la cosa pinta fea: una población más envejecida, menor número de personas en edad laboral o un peso demográfico menor en el mundo, son algunas de las conclusiones de este primer estudio.

35 años siendo europeos

35 años siendo europeos

El 12 de junio de 1985 la península ibérica se incorporaba de lleno al proceso de construcción europea. La República de Portugal y el Reino de España firmaban el acuerdo de adhesión a las por entonces llamadas Comunidades Europeas, hoy Unión Europea. Portugal había salido de una dictadura en 1974 con la “revolución de los claveles” y España de la dictadura franquista con la transición política rubricada con la Constitución de 1978. Ambos Estados ibéricos dejaban atrás una época lúgubre sin libertades y de aislamiento internacional, pero tardarían aun una década en incorporarse de pleno derecho a las decisiones comunitarias europeas. Tras 35 años de ser europeos, nos encontramos ante la crisis más crítica y profunda que Europa vive desde la II Guerra Mundial por la pandemia del COVID-19 y sus efectos sanitarios, económicos y sociales. Es un momento de renovar los votos europeístas ibéricos desde una visión que desde el Sur aporte la identidad de solidaridad y cohesión territorial que el proyecto de la Europa unida necesita hoy más que nunca.