Jesús González MateosCartas del director Jesús González Mateos

La batalla por el Eurogrupo o la rebelión de los pequeños

La batalla por el Eurogrupo o la rebelión de los pequeños

Desde diciembre de 2017 y hasta el 2023, es decir, al menos durante seis años, el euro se dirige con aires rumorosos del Atlántico. Primero, Mario Centeno, el ministro de Finanzas del Gobierno portugués y ahora, el ministro irlandés de Finanzas Paschal Donohoe. La batalla producida en el seno del Eurogrupo ha demostrado que las potencias europeas no siempre son capaces de acallar las voces de los pequeños Estados y que su iniciativa de unidad al aliarse el candidato luxemburgués al irlandés, ha desbancado a la española Nadia Calviño, que contaba nada menos que con el apoyo de París, Berlín y Roma. Un duro golpe para el presidente Sánchez y para los intereses particulares de España, que ya lo intentó sin éxito con Luis de Guindos. Pero lo relevante es analizar los retos a los que se enfrenta una moneda que desde su nacimiento ha batallado por su supervivencia en la que el mundo financiero nunca creyó.

El semestre alemán o la hora decisiva de Europa

El semestre alemán o la hora decisiva de Europa

El pasado 1 de julio Alemania cogió el testigo de Croacia al frente de la presidencia de turno de la UE. Los próximos seis meses le corresponde al país germano dirigir la agenda política de las instituciones europeas en el momento más crítico de nuestra historia desde la II Guerra Mundial. La pandemia producida por el COVID-19 nos ha situado ante la mayor crisis sanitaria, económica y social del proyecto europeo común. Bajo el lema “Juntos por la recuperación de Europa” y al timón con su líder indiscutible, la ya veterana Canciller Angela Merkel, asume el plus de responsabilidad de encontrar soluciones en un panorama repleto de incertidumbres. La clave del éxito dependerá de que se marquen prioridades claras y lograr la unidad necesaria en la toma de decisiones. El objetivo número uno: sacar adelante el Fondo de Reconstrucción europeo y los presupuestos de los 27, el Marco Financiero Plurianual 2021-2027.

Respuesta de la UE al Covid-19: entre el desconocimiento y el descontento

Respuesta de la UE al Covid-19: entre el desconocimiento y el descontento

Los europeos mayoritariamente desconocen de las medidas adoptadas por la Unión Europea para combatir la epidemia del COVID-19 de manera coordinada y están descontentos por la falta de solidaridad con los Estados miembros más afectados por la enfermedad. Estas son las dos principales conclusiones del eurobarómetro presentado por el Parlamento Europeo sobre la opinión de los europeos “en tiempos del COVID-19”. Y la incertidumbre es el estado emocional más comúnmente compartido por los ciudadanos europeos durante el pandemia.

Hacia una Europa más envejecida y más empequeñecida

Hacia una Europa más envejecida y más empequeñecida

En estos momentos de extraordinaria dificultad e incertidumbre, la Unión Europea, sus Estados miembros y sus regiones tienen un reto compartido de enorme trascendencia para garantizar su sostenibilidad: responder al impacto del descenso demográfico en beneficio de todos los europeos. El camino a seguir depende de una serie de preguntas que debemos hacernos y ser capaces de contestar, incluyendo cómo estimular la innovación y la productividad; cómo atraer a más personas al empleo; cómo modernizar los sistemas de salud, la protección social y los servicios sociales y cómo abordar las diferencias territoriales. Ante este tremendo desafío la Comisión Europea ha presentado un primer informe demográfico que concluirá en un “Documento Verde” sobre el envejecimiento, una visión a largo plazo de las zonas rurales, la soledad, el aislamiento social, la salud mental, la resiliencia económica y, a largo plazo, la sostenibilidad del sistema público de asistencia sanitaria. Y la cosa pinta fea: una población más envejecida, menor número de personas en edad laboral o un peso demográfico menor en el mundo, son algunas de las conclusiones de este primer estudio.

35 años siendo europeos

35 años siendo europeos

El 12 de junio de 1985 la península ibérica se incorporaba de lleno al proceso de construcción europea. La República de Portugal y el Reino de España firmaban el acuerdo de adhesión a las por entonces llamadas Comunidades Europeas, hoy Unión Europea. Portugal había salido de una dictadura en 1974 con la “revolución de los claveles” y España de la dictadura franquista con la transición política rubricada con la Constitución de 1978. Ambos Estados ibéricos dejaban atrás una época lúgubre sin libertades y de aislamiento internacional, pero tardarían aun una década en incorporarse de pleno derecho a las decisiones comunitarias europeas. Tras 35 años de ser europeos, nos encontramos ante la crisis más crítica y profunda que Europa vive desde la II Guerra Mundial por la pandemia del COVID-19 y sus efectos sanitarios, económicos y sociales. Es un momento de renovar los votos europeístas ibéricos desde una visión que desde el Sur aporte la identidad de solidaridad y cohesión territorial que el proyecto de la Europa unida necesita hoy más que nunca.

Merkel, for EU president?

Merkel, for EU president?

El próximo 1 de julio Alemania cogerá el testigo de la presidencia semestral de turno de la Unión Europea de manos de Croacia que la ostenta desde enero. El semestre alemán coincide con un momento histórico de la UE: crisis del COVID-19, solución definitiva del Brexit y aprobación de los Presupuestos europeos 2021-2027. La policrisis comunitaria en todo su esplendor. Le toca tratar de dar impulso a la agenda europea a una Canciller que está cercana en teoría a su retirada de la vida política. Ángela Merkel ha sido, durante quince años, para bien y para mal, la Jefa y Señora de Europa. En su supuesto epílogo se encuentra ante la responsabilidad de salvar a la UE de su descomposición o lo que es lo mismo, de aprovechar la oportunidad de demostrar al mundo que el proyecto europeo está más vivo y es más relevante que nunca. Una aventura que quién sabe si podría concluir con su ascensión al cargo de presidenta del Consejo Europeo, si las circunstancias críticas excepcionales lo requirieran y su estado de salud lo permitiera.

Plan UE para la reconstrucción: Europa está viva

Plan UE para la reconstrucción: Europa está viva

La presidenta de la Comisión Europea ha tenido la responsabilidad de presentar ante el Parlamento Europeo el plan para la reconstrucción de Europa tras la epidemia del COVID-19. Bruselas se la jugaba ante nuestros representantes políticos en un difícil juego de equilibrios, izquierda-derecha, norte-sur, de intereses contrapuestos en la UE. Consciente de la patata caliente que le habían lanzado los jefes de Gobierno de buscar una fórmula que contentara a todos, Ursula von der Leyen, ha puesto encima de la mesa una propuesta que demuestra que la Unión Europea está viva y, sobre todo, que ha madurado a base de crisis. “Próxima generación UE” como se ha denominado el plan, es una hoja de ruta que utiliza el coronacrack como la gran oportunidad para mejorar nuestra unidad y nuestro modelo económico y de sociedad. Y una cifra descomunal: 750.000 millones de euros, el mayor estímulo fiscal de la historia de la UE.

El eje franco-alemán, ¿al rescate de la UE?

El eje franco-alemán, ¿al rescate de la UE?

El proyecto europeo al que pertenecemos nació como respuesta a la mayor tragedia de la Humanidad: la II Guerra Mundial. Fueron sus impulsores dos de los principales protagonistas y enemigos en la contienda: Francia y Alemania. De aquella idea de reconciliación surgió la Comunidad Económica del Carbón y del Acero, que paso a paso, nos ha traído hasta la actual Unión Europea. En cada hito que en este periodo hemos vivido París y Berlín han resultado los principales motores de la construcción de este espacio común. El coronacrack se ha convertido en la mayor crisis que hemos conocido desde que los campos de batalla desaparecieron de nuestro continente. Precipitados al abismo, cuando estamos al borde de una recesión de magnitudes desconocidas, el eje franco alemán ha tomado las riendas de la situación. Merkel y Macron presentaban esta semana con todo el carácter protocolario que la tele cumbre permitía, su propuesta conjunta del plan de recuperación europeo contra la crisis. Podrá gustar más o menos, pero lo que nadie puede decir es que la UE no está reaccionando con más agilidad de la que por su propia esencia nos tenía acostumbrados. En dos meses la Unión ha tomado el doble de decisiones de las que asumió en la crisis del euro en cuatro años.

Soluciones europeas de economía circular contra el coronacrack

Soluciones europeas de economía circular contra el coronacrack

Hace solo seis meses la principal crisis que se cernía sobre la Humanidad era la del cambio climático y el reto mayúsculo que debíamos afrontar era la sostenibilidad del Planeta. La pandemia del COVID-19 podría hacernos pensar que evitar su contagio ha eclipsado cualquier otro objetivo. Pero nos equivocaríamos si no aprovecháramos una situación que pese a ser tan terrible y estremecedor, es pasajero como tantas enfermedades que nos han afectado, para cambiar el modelo de producción y consumo. Tenemos la opción de convertir un problema en una oportunidad, en el momento que Europa vive su mayor crisis después de las dos grandes guerras mundiales. El sistema se ha parado en seco, la economía lineal se ha confinado y nuestros hábitos de conducta y estilos de vida están puestos en cuestión por un virus capaz de extenderse a toda velocidad por nuestro espacio común europeo. La Unión Europeo posee la hoja de ruta y el talento necesario para resetear el sistema y avanzar con paso firme hacia la Economía Circular.

Ahora más que nunca, celebremos el Día de Europa

Ahora más que nunca, celebremos el Día de Europa

Todos los 9 de mayo celebramos los europeos el Día de Europa. Digo lo de celebrar como un eufemismo, porque realmente tras 63 años de construcción europea, no hemos logrado siquiera que sea festivo en los Estados miembros de la UE. Siguen primando las fiestas nacionales y no tenemos siquiera 24 horas para alegrarnos de nuestra unidad. Por eso cuando se nos llena la boca pidiendo más Europa, especialmente, en momentos tan críticos como los que estamos viviendo a raíz de la epidemia de COVID-19, deberíamos reivindicar que nuestros gobiernos nos permitan, al menos un día al año, ser más europeos que nada. Es un mero gesto, pero es que los gestos son la antesala de los hechos. Sin símbolos propios, sin héroes, mitos o leyendas comunes, es imposible edificar una identidad europea. Si no somos capaces de recordar y transmitir a nuestros hijos, que los Padres Fundadores de esta Europa unida, tras dos guerras terribles, nos comprometieron con la paz y la convivencia, difícilmente vamos a encarar el futuro con éxito.